Pensando el dibujo como lugar donde se desarrollan acciones espaciotemporales de repetición, estructuración y garabateo, Urdimbre busca mezclar estas acciones mediante la mirada obsesiva sobre un mismo objeto: la madeja de hilo. Pues en su particularidad, este objeto permite jugar con estructuras entre lo plano y tridimensional; abordar la temporalidad obsesiva del calco y el dibujo digital; y ensayar infinitas formas de composición y variación.  
Madejas:
La urdimbre se teje ya en un dibujo hecho trazo a trazo, aun cuando el ovillo es solo un modelo, detallando un objeto que se estructura como acumulación de un hilo suelto; pero que posee ya una complejidad infinita de capas y direcciones. Un objeto que por su entramado es bidimensionalidad y tridimensionalidad a la vez,  y que busca ser atrapado mediante el dibujo en la repetición de un gesto que va construyendo el hilo y con él, la forma y el espacio.
A través de la observación y copia siguiendo el hilo, estos calcos develan la estructura que constituye cada madeja: la forma en que se construye como volumen. La acción de calcar se suma a la de abstraer, entendiendo construcciones particulares de una madeja que ya ha venido siendo urdimbre por superposición. Y que a partir de la parcialidad intensifica las diferencias y construye un solido cerrado pero profundamente complejo. 
 
La repetición que construye superficie y el vacío son elementos que se potencian mediante la composición. Además, es en este proceso de composición donde el juego y el garabateo hacen su aparición. Permitiendo superponer, desfasar y experimental visualmente toda la complejidad de estas madejas.​
Madejas en gran formato:
Este acto de perderse en la madeja y entenderla a través del calco, tiene también una dimensión corporal que puede activarse en el gran formato a través de dibujos con proyector y mapping. Los cuales amplían el gesto y permiten llevar este recorrido de hilo directamente sobre el espacio.
Tejidos:
Tejer es un acto repetitivo similar al calco o la copia. Es el paso lógico de estas madejas: que de ser un elemento con un entramado extremadamente complejo y particular (con vueltas y superporsisiciones únicas realizadas por una maquina que las envuelve), pasan a convertirse en una urdimbre que se supone uniforme, con un gesto que se repite una y otra vez; hasta formar, una superficie con un patrón aparentemente igual en cada movimiento.

En el tejer, se desarrolla una temporalidad compleja que adquiere sentido con la practica. Mientras se mejora (haciendo la acción más automática) el tiempo adquiere un sentido distinto, se vuelve protagonista. En cambio, el pensamiento o la concentración en el punto de tejido que se realiza va desapareciendo. Un estado que puede lanzar el foco hacia la dispersión o el silencio mientras se repite y repite la acción.   
Como el tejido, el calco es una repetición que produce un dibujo, que llena una superficie y en la que en la medida que se mantiene la acción, el tiempo y la acción misma se hacen más importantes que su resultado. 
Por otra parte, pareciera que como en el calco entre más se acerca a la repetición a una imposible exactitud, más parece desaparecer la mano o el gesto de quien lo realiza; siendo este el ideal de la acción en el callamiento del pensamiento y la liberación de un gesto del cuerpo. 
Calcar el tejido es una acción de doble repetición, pues es el gesto de trazar o repetir un gesto que busca en si mismo la repetición. Entendiendo con la observación sostenida, que ni el calco ni la acción del tejido generan nunca una repetición exacta.

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